Ibiza guarda secretos en cada rincón, pero hay lugares que han sabido resistir al paso del tiempo conservando su alma intacta. Cala Bassa es uno de ellos. Situada al oeste de la isla, entre San Antonio y la torre defensiva de d’en Rovira, esta cala ha sido durante siglos un refugio natural de belleza serena, donde el azul del mar se mezcla con el verde de los pinares y el blanco suave de la arena en un cuadro perfecto que parece pintado por los dioses.
Antes de que el turismo llegara a la isla, Cala Bassa era un rincón al que solo se accedía por caminos de tierra o por mar. Una playa a la que acudían pastores, pescadores y familias locales que conocían bien el valor de ese trozo de paraíso. Sus aguas transparentes y poco profundas, protegidas por formaciones rocosas y árboles centenarios, hacían de ella un lugar seguro, tranquilo, y profundamente ligado al pulso natural de Ibiza.
Los mayores de la isla recuerdan cómo, en los años 50, se llegaba a pie desde Sant Josep, atravesando un bosque que en verano olía a resina y sal. Años después, ya en los 70, cuando empezaban a llegar los primeros viajeros en busca de libertad, muchos de ellos descubrieron Cala Bassa casi por accidente, acampando entre sabinas o improvisando refugios entre las rocas. Algunos aún vuelven, con canas y nietos, a sentarse frente al mismo mar que una vez les cambió la vida.
Durante años, esta playa se mantuvo al margen de los grandes desarrollos urbanísticos. Sin hoteles ni carreteras asfaltadas, sin beach clubs ni hamacas. Solo el mar, la arena y la sombra de los árboles. Pero el mundo giraba, e Ibiza empezaba a vivir una transformación turística imparable.
De secreto local a rincón con alma propia
Fue entonces, en el año 2010, cuando tres amigos decidieron iniciar un proyecto diferente. Inspirados por su amor por la isla, la música y el estilo mediterráneo, imaginaron una forma de compartir Cala Bassa sin romper su esencia. Así nació CBbC: Cala Bassa Beach Club, un espacio que no buscaba competir con la Ibiza más bulliciosa, sino ofrecer una alternativa: un lugar donde la gastronomía, la hospitalidad, el arte y la naturaleza convivieran en armonía.

Desde entonces, CBbC se ha convertido en uno de los enclaves más icónicos del verano ibicenco. Cada año, miles de visitantes descubren aquí una forma diferente de vivir la isla. Algunos llegan por mar, en yates que fondean frente a la cala; otros, por tierra, en busca de un día de sol, buena mesa y desconexión. Todos encuentran lo mismo: una experiencia sensorial completa.
Con el paso del tiempo, el proyecto ha crecido: al restaurante principal se han sumado el Chiringo, con una propuesta más informal, y Portobello, un rincón de alma italiana que ha conquistado a los amantes de la buena cocina. Pero más allá de la oferta gastronómica, lo que define a Cala Bassa es su espíritu: relajado, elegante, profundamente conectado con la belleza natural que la rodea.
Quince veranos celebrando el arte de vivir
Este 2025, CBbC celebra 15 veranos. Quince temporadas de atardeceres memorables, de bodas mágicas frente al mar, de sesiones de música en vivo con saxofonistas, DJs, percusionistas africanos y bailarinas que parecen surgidas del mismo bosque. Quince años creando recuerdos imborrables para quienes eligen este rincón para volver a sentirse en el olimpo.
Durante el día, la cala vibra con energía suave: familias, grupos de amigos, parejas de todo el mundo disfrutan del sol y los baños. Al caer la tarde, el ambiente se transforma. La luz dorada del atardecer tiñe la arena, la música sube suavemente el tono, y la sensación de estar en un lugar único se hace más intensa. Aquí, cada verano es distinto, pero la magia es siempre la misma.
Y cuando el verano se va, Cala Bassa vuelve a su silencio. Los residentes de la isla pasean por la orilla en otoño, respiran el aroma de los pinos, escuchan el mar sin prisas. Es entonces cuando uno entiende por qué este lugar enamora a quien lo conoce: porque Cala Bassa no es solo una playa. Es una forma de ser.

Algunos datos de Cala Bassa
Longitud: 250 metros
Amplitud máxima: 30 a 35 metros
Acceso: Carretera asfaltada y servicio de barco desde San Antonio
Entorno natural: Bosque de sabinas y pinos
Actividades: Paddle surf, snorkel, masajes, DJ sets, bodas privadas
Gastronomía: Cocina mediterránea, fusión, italiana (Portobello), tapas y cócteles en el Chiringo
Experiencia CBbC: Música en vivo, servicio de sunbeds, shopping de autor, tratamientos wellness
Protección ambiental: Zona con presencia de posidonia oceanica, especie protegida
Puesta de sol: Visible desde la playa con vistas al islote de Sa Conillera
Icono desde: 2010 (inicio del CBbC Group en Cala Bassa)
Celebración actual: 15 veranos de historia viva
Fundadores CBbC: Xavier Margui; Roger Requena; Marc Ramón Roig y Javier Salvatierra
